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Hace dos días Marcos cumplió 10 años, sí 10!!!!!!  Hace dos días yo cumplí 10 años como mamá, Ariel 10 años como papá y, además, cumplimos 10 años como familia.

En los últimos cumpleaños así lo he vivido, conectándome con mis momentos, mis experiencias y mi ser aquel día x años atrás. Ha sido una experiencia increíble, maravillosa, te permite ser mucho más consciente de todo lo que vives y recordar los pasos que has ido dando.

Diez años como mamá y siete de ellos dedicada a tiempo completo. Parece que en este tiempo no he hecho nada, nada más que estropearme, hablar y hablar de niños y correr de un lado a otro. Pero también he aprendido como nunca a abrazar, consolar, acompañar, respirar y respirar, escuchar sin hablar y sin juzgar, a NO gritar para que otro baje su tono de voz, a no arrancar las cosas de las manos, a comprender la necesidad del otro, a respetar ritmos tremendamente lentos para mí o verdaderamente rápidos, a vivir cada momento con intensidad,  a poner voces a los personajes de Lego, a contar cuentos increíbles, a buscar soluciones creativas, a cocinar comidas mágicas y preparar batidos deliciosamente sanos y glamourosos, a que la expresión «perder el tiempo» no existe en mi vida ni en la de un niño, sobre todo he aprendido a observar, a maravillarme con la vida, con sus ganas de crecer, de descubrir, he aprendido que no podemos seguir si estamos solos, que la oscuridad no sólo está en la noche sino en cualquier paso a lo desconocido, he aprendido que lo más valioso YA lo tenemos….

Esta década ha sido muy intensa, porque además han sucedido el mayor número de cambios que han tenido lugar en mi vida ( dos niños más, seis mudanzas, cambios de ideología, ….) En realidad, es la mayor y mejor preparación que he realizado nunca. Cuando hablo de este tema, siempre nombro al pediatra Carlos González. Leyendo unos de sus libros me di cuenta de que cuando terminas tus estudios haces una fiesta, cuando te casas haces una despedida de soltero, cuando te separas….. Siempre que comienza una nueva etapa en tu vida, todo el mundo entiende que las cosas van a cambiar, van a ser diferentes… excepto cuando tienes un bebé…. Por el contrario, se escucha (y yo misma confieso haberlo dicho) «yo no voy a cambiar mi vida, voy a segur haciendo las mismas cosas». Y yo me pregunto «¿Y quién cuida de ese ser???»

Ser mamá me ha cambiado casi totalmente. Desde el primer minuto, desde el primer día. Y lo que me gustaría compartir es la necesidad de que, antes de ser papás y mamás, nos informemos y sepamos lo que estamos haciendo, porque es la experiencia más intensa que he vivido nunca. Sí, sé que, mi experiencia puede resultar más intensa que otras por la opción de crianza que hemos elegido, pero realmente cualquier opción va a tener una gran necesidad de tu energía durante un tiempo indefinido. Precisamente hemos escogido este camino porque hemos ido sintiendo las necesidades de los peques y hemos intentado cubrirlas.

En estos diez años he aprendido muchas cosas, muchas ideas han sido modificadas dentro de mí. Ahora parece que al principio fue más fácil y que se va complicando, pero, en realidad creo que antes tenía más energía y que ahora estoy más cansada. Y siempre comento que me hubiera gustado tener información antes de cada momento para poder contar con las herramientas adecuadas y comprender mejor la situación. Hemos ido aprendiendo las cosas, según se nos presentaban y, a veces, al principio, no comprendes qué pasa, no comprendes por qué aquello que te habían dicho que tenías que hacer, no funciona.

Nosotros entramos en la crianza natural de la mano de nuestro hijo Marcos hace 10 años. Todo empezó con cada uno de sus pasos. Primero fue el colecho. Habíamos puesto una minicuna al lado de la cama y cada vez que le dejaba en ella, se despertaba, así que terminamos metiéndole en nuestra cama y a partir de ese momento todo el mundo pudo descansar.

A los cinco días nos encontramos con que nos recetaban biberón porque había perdido 20 grs!!!! Sí, ahora parece una  tontería, pero en aquel momento te encuentras sólo, sin experiencia, queriendo dar pecho exclusivo pero tomando una decisión sobre un bebé que está en tus brazos y que si soplas, se te va. Al final, Ariel tomó la sabia decisión de que nuestro hijo estaba sano y perfectamente, que la leche de su madre era todo lo que necesitaba  y que 20 grs era un peso ridículo….

Meses después, con gases día y noche, nos diagnosticaron «mala pauta alimenticia» por dar pecho a demanda. Tras media hora de mi pequeño llorando con un biberón de manzanilla en la boca, dije «¡A tomar viento!!» Y volví a confiar en nuestra naturaleza.

Con la incorporación de la alimentación complementaria, lo mismo: dos comidas llorando para meterle la cuchara en la boca fueron suficientes para decidir que no deseábamos que nuestro hijo tuviese ese tipo de relación con la comida. Así que, sin saber, hicimos nuestra versión de BLW o sea, escuchamos y acompañamos a nuestro hijo en su encuentro con la alimentación complementaria.

Y así fue sucediendo con el porteo, el gateo, la exploración….. Ha sido precioso, fascinante y maravilloso. Sin embargo, siempre he echado en falta información previa. Tenía la información de lo que yo había aprendido, de cómo lo hacemos en esta sociedad, pero eso no funcionaba con mi pequeño… y eso me hacía sentir perdida. Sí, poco a poco, vas escuchándole, vas escuchándote, vas leyendo y, al final, llegas a comprender y a poder acompañar, pero me hubiera encantado tener el conocimiento previamente.

Lo bueno es que, al final, no nos desoímos y buscamos el camino para llegar a lo que somos y sentimos verdaderamente.

Ahora, tras estos diez años de maternidad, puedo compartir cientos de experiencias y ayudar a otras personas sobre temas de colecho, lactancia, porteo, BLW, crianza natural, acompañamiento emocional, rabietas, necesidades primarias del ser humano, Comunicación no Violenta, crianza en la naturaleza, homeschooling, apego, empatía, tribu….. Y todo ello ha sido gracias a un intenso trabajo «a pie de campo» escuchando y buscando en el adentro y en el afuera para encontrar aquello que alguno de mis peques estaba intentando decirme. 

Muchas gracias Marcos por ser tú, por no renunciar nunca a lo que sientes y a luchar por aquello que sabes que mereces, por ser mi maestro, mi avatar. Muchas gracias Álex y Martina por lo mismo y por aportarme una nueva versión cada momento y gracias a Ariel por la paciencia, el no juicio y la confianza ciega que siempre tienes en mi.