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Hace ya algunos años que comencé a tener suficiente información como para saber que no somos víctimas de nuestro destino ni de la marea si no que dibujamos los trazos de nuestros días y que toda experiencia es elegida por y para algo, lo que ocurre es que a veces lo hacemos de una forma consciente y «elegimos» el cambio y otras veces lo hacemos de forma inconsciente (o, conscientemente, no hacemos nada) y sentimos que la marea nos arrastra. Pues bien, así me he sentido yo en los últimos meses….

En otoño tuvimos la confirmación de que la casa que alquilábamos en la Ecoaldea de Valdepiélagos no iba a estar disponible por más tiempo, así que ahí comenzó una carrera por encontrar otra vivienda, nos planteamos mil y una opciones, incluso cambiar de comunidad autónoma. Pero, para mí, lo más duro fue empezar a despedirme de mi sueño, de mi Ecoaldea, de mis vecinos y mis entornos, de sus calles y hasta de sus baldosas…. ¿Habéis sentido alguna vez que el lugar donde vives es el perfecto y tienes que dejarlo??

Exceptuando los comentarios de Instagram, nunca he hablado con detalle de mi vida en la Ecoaldea, un día tengo que hacerlo, lo necesito…. pero, a grandes rasgos, puedo deciros que allí encontré tribu de mujeres y tribu de madres, cierto nivel de co-crianza, una casa amplia, cálida y luminosa, un entorno vecinal con las puertas abiertas (literalmente) en donde niños y adultos pueden moverse con la misma naturalidad y eres bien recibido en cualquier casa en casi cualquier momento (porque también aprendí a dar y recibir un respetuoso y amoroso «no», si así era oportuno). No necesité comprar muebles ni ropa porque lo material fluye entre los vecinos. Y siempre encontré a alguien que me ofreciera una taza de té y un rato de cálida charla. Encontré una huerta con la que alimentar y alimentarme (en muchos sentidos) y una naturaleza que te envolvía y te nutría en general. Suena a sueño, ¿verdad? Pues yo lo tuve… lo soñé y, cinco años más tarde, lo viví… y os puedo decir que es real… y que merece la pena…

Bueno, pues aquí podéis oler aún mi herida, mi dolor, mi desarraigo…. sniff, sniff, sniff… Así que, por primera vez en muuucho tiempo, no estoy en una de esas etapas de color de rosa…. ¿o si??? Como me gusta vivir así, o al menos intentarlo…., he empezado a dejar de llorar por aquello que no tengo, a reir por aquello que tuve y a soñar con lo que tendré. Y eso pasa por dar una vuelta más a la tuerca del crecimiento personal, por madurar un poquito más y sanar ciertas heridas, recientes y viejas, porque tooodo está relacionado y aquello que no sanas y no superas vuelves a encontrártelo, vuelves a tener un «septiembre» para recuperar la asignatura…

Algunos que me conocéis sabéis que cada estación del año intento conectarme con la energía del movimiento que implica y unirme a ella para crecer, este año está siendo uno de los más duros en los últimos años, mi objetivo es caminar este camino de la mejor forma posible, hacer este curso con el mayor rendimiento posible, intentando sacar lo mejor de mi y transformar aquello que detecto que me está impidiendo saltar un obstáculo. Y, como pienso que la vida está llena de esos obstáculos y que la diferencia es cómo tú te relaciones con ellos, he puesto mi foco en detenerme más aún en los pequeños detalles (que no significa que me salga…. jejeje), en aquellas cosas que nos nutren, que nos aportan, en un olor, un abrazo, una taza de té…. Me he planteado que cada vez que haya una situación que me resulte molesta o que no pueda gestionar, pararme y sacarme la banderita de «Eres tú quien tiene un problema con esta situación» para poder recuperar la conciencia que perdemos a veces y que no impide elegir la persona que queremos ser. Y es curioso cómo al principio parece imposible, pero poco a poco, vas salvando momentos y cambiando tu lenguaje interior gracias a DECIDIR poner un poquito de CONCIENCIA en los momentos que nos cuestan.

Esto es parte de lo que me pasa a mí, pero el cómo acompañar estos momentos a los que me rodean, cómo aportarles mi mejor versión y cómo intentar ayudarles para que no les deje huella negativa sino positiva, es otro tema….  otro tema mucho más complicado que sigue el mismo patrón, a veces lo consigues y otras veces no….

Os recomiendo escuchar un poquito a Álex Rovira para tener un poquito de inspiración, a mí me encanta, sobre todo aquí, aquí y aquí.

A mí me gusta mucho y me sirve vivir los momentos de cambio o las crisis así, utilizándolas para transformar aquello que no me gusta de mí. ¿Lo has probado alguna vez? ¿Te lo habías planteado así en algún momento?