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Sí, sí y sí!! Mañana comienza mi nueva formación como doula. Hace siete años sentí la necesidad de dar este paso y no ha sido posible hasta ahora. No encontraba sentido dejar a unos bebés que necesitaban estar conmigo para formarme con la intención de acompañar a otras mamás para que pudieran ESTAR para sus bebés. Todo este tiempo he estado pensando: «Me estoy haciendo doula poco a poco. Con mi experiencia de vida, criando a tres criaturas de la forma más natural y respetuosa que puedo en cada momento, día a día, estoy sintiendo en mi propia piel a muchas de esas madres a las que quiero ayudar y aportar.

Considero que la crianza es un hecho valiente y poderoso y que no estamos preparados para llevar en soledad. Circunstancialmente, muchas nos encontramos aisladas en un mar de gente que hace, corre y no tiene tiempo para ESTAR a nuestro lado sin prisas, juicios ni condiciones.

Según mi punto de vista, la maternidad es, si cabe, la vivencia más poderosa que existe y la escuela más completa. Yo me he permitido el lujo de vivirla de forma intensa porque siento que estamos muy lejos de nuestra verdadera esencia humana, centrados en el «desarrollo laboral» o la «obtención de objetivos y resultados», nos hemos distanciado tanto de lo que somos, mamíferos, personas aquí y ahora, que hemos olvidado que nuestro verdadero objetivo es la vida y nuestra mayor necesidad vivirla. Pero ¿cómo vamos a vivir nuestra vida y no a sufrirla si estamos pendientes de lo que hay fuera de nosotros más que de lo que hay dentro, de lo que somos? ¿Estamos más pendientes del mañana que de hoy y ahora?

No tengo la más mínima duda de que esto es aprendido de nuestro entorno y de nuestras madres. Por eso sueño con acompañar a esas madres que necesiten una lucecita al final de ese camino donde su alrededor les dice que son débiles por sentir y atender las necesidades de un bebé tirano, por sentir dudas cuando no ha recibido formación, por sentir su instinto del que nadie le ha hablado pero que ella escucha a lo lejos pero con certeza y seguridad. Deseo estar cerca de esas madres para decirles que no son débiles, que no son débiles, que son tan fuertes que pueden dar alas a sus hijos, que no están equivocadas, que lo que sienten vive en lo más profundo de su naturaleza y que cuanto más lo escuchen más fuertes y poderosas serán y, sobre todo, que tienen derecho a caminar su camino de forma libre y respetada, sea cual sea y aunque los demás no lo entiendan. Personalmente he recorrido este camino de dudas, miedos, incomprensión y soledad, pero al final de cada tramo siempre estaba mi instinto y mi confianza y la de mi pareja que me apoyaba sin condiciones.

Siento que somos seres poderosos separados de nuestra naturaleza y que acompañar a las madres para que se sientan seguras nos va conectando uno a uno con lo esencial. Einstein dijo: «Si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil». Ninguna especie puede vivir plenamente si está alejada de su naturaleza y nosotros, como mamíferos, estamos diseñados para sentir, tocar y ser tocados, abrazar y ser abrazados, vivir en sociedad y no aislados y comunicarnos en lugar de ejecutar para producir sin cesar. Por ello, considero que confirmar a las madres sus derechos y el sentirse confirmadas, seguras y respetadas, les devuelve el poder natural que tienen y una madre segura y tranquila tiene toda su energía puesta en cuidar, proteger y amar a su cría. Una serpiente deja sus huevos y se va. Una leona protege a sus crías con su vida. ¿Te parece eso debilidad? ¿A qué grupo crees que pertenecemos? 

Brindar a nuestros hijos una madre segura y estable emocionalmente es un regalo que les acompañará toda la vida

Por eso estoy tan, tan, tan contenta, ilusionada y agradecida de comenzar mañana mi formación y poder acompañar a otras familias en breve!!!

Feliz feliz fin de semana!!

Merce Pérez.