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Con el inicio de mi maternidad muchas cosas fueron cambiando en mi vida, lo bueno es que sucedió paso a paso. De cualquier otra manera creo que me habría trastornado ya que la persona en la que me he convertido hoy en día es muy diferente de la que era en aquel entonces. No opino que fuera mejor ni peor, simplemente diferente.

¿Por qué un cambio tan grande? La verdad es que no estoy muy segura, creo que era inevitable, pienso que la vida es cambio en sí, un cambio constante, necesario y saludable al que llamamos crecimiento o evolución. Éste caminar puede realizarse de manera consciente o inconsciente, pero realmente espero que cada uno de nosotros lo hagamos, al fin y al cabo, y en la medida en que cada uno pueda.

Es cierto que hay personas que no evolucionan, o que lo hacen tan poco a poco que prácticamente no se aprecia, pasan por la vida aferrados a las mismas creencias y los mismos hábitos año tras año, década tras década. Esto les brinda una gran sensación de seguridad pero les impide moverse interna y externamente casi también, les da tranquilidad pero les quita reflexionar, cuestionarse y probar otras formas.

¿Y por qué íbamos a necesitar cambios? Como decía, todo cambia a nuestro alrededor, siempre, constantemente, en un contiuum. Hay personas que van, otras que llegan, trabajos que terminan, otros que empiezan. Si el entorno cambia ¿qué sucede si no lo hacemos nosotros? Me cuesta pensar que no nos surja la necesidad de valorar cada una de las situaciones.

En la crianza la vida es puro movimiento: hoy gasta pañales y mañana ya no quiere, hoy vive en tus brazos y mañana descubre todo un mundo por explorar y así un día tras otro, sin fin.

Y este movimiento constante que sucedía en el exterior de mi vida provocaba la necesidad interna de cuestionármelo todo. Así comenzó mi viaje a través del mundo de la Crianza Consciente, una aventura que aún continúa y que no ha hecho más que crecer.

Hoy quería compartir esto contigo porque ayer me desbordé dentro de mi propio camino. Ayer llegué a un punto en que (en ese preciso momento) no podía más. No podía más de cansancio, no podía más de escucha, no podía más de comprensión, no podía más de sostén, no podía más de todo aquello para lo que trabajo interna y externamente desde hace años.

Fue después, cuando pasó la tormenta, cuando se despejaron las nubes y la luz me despertó la necesidad de compartir esto con el resto. Es por ello que te invito de nuevo a la reflexión, esa que nos ayuda a verlo todo con otra conciencia.

Así que te confieso que los profesionales también nos enfadamos, sentimos desbordamiento, tenemos necesidades personales y llegamos a nuestro límite.

Las madres conscientes también nos enfadamos, sentimos desbordamiento, tenemos necesidades personales y llegamos a nuestro límite.

¿Qué es lo que nos hace conscientes entonces? ¿Qué nos diferencia? Lo que nos nos diferencia es que nos reconocemos, vemos qué es lo que está pasando en tercera persona, nos vemos desde fuera sin identificarnos con todo ese remolino emocional interno y, a la vez, podemos también ver a esa criatura que está frente a nosotras con la CONCIENCIA de que, en ese momento, NO PODEMOS entregarle aquello que emocionalmente está necesitando.

En entonces cuando marcamos la diferencia y es que, además de verlo, somos capaces de «manejarlo», no se nos va de las manos. Tras haber identificado lo que está sucediendo, nombramos, lo identificamos externamente y buscamos maneras para protegernos a nosotros mismos, a la otra persona y a la relación. Por eso renunciamos a los gritos, insultos, amenazas y castigos, no es que no lo hagamos (que no lo hacemos ;D) sino que ELEGIMOS renunciar a ello porque no nos lleva al destino al que queremos ir.

Sin duda llegar hasta ese punto requiere, como todo viaje, del ejercicio de recorrer un camino, un camino de conocimiento y desarrollo personal que nos brinda las herramientas necesarias para la travesía, como si de un viaje real se tratara.

Me gustaría terminar señalando que, cuando nos encontramos un problema en cualquier ámbito de la vida, éste no es un problema real en sí mismo. Sólo lo es para nosotros en ese momento ya que, ante una situación sólo hay un problema si no sabemos cómo resolverlo, si no tenemos las herramientas o el conocimiento para gestionarlo. Piénsalo.

Formarme y prepararme para mi travesía es lo que cambió el rumbo de mi crianza y me ayuda en el día a día.