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Las fiestas navideñas están a la vuelta de la esquina y, con ellas, un montón de preparativos, planes, ilusiones, proyectos… En fin, una cantidad tremenda de energía positiva moviéndose en el ambiente… en todo el planeta!! Hace ya cuatro años que comencé a hacer mi propia travesía interior en estas fechas, ya os he contado un poquito en este otro artículo, pero es que es un camino que creo que no termina nunca…

La verdad es que yo no me sentía muy conectada con toda la vorágine navideña, pero me encanta ilusionarme, así que pensé, hay un montón de esa ilusión en el aire y yo quiero unirme a ella. Pensando en ese cambio y en la energía, comenzó a llegar a mi información sobre el sentido de estas celebraciones durante muuuuchos años antes de la religión cristiana, pero eso ya os lo he contado aquí

El caso es que desde entonces, y cada otoño, voy viendo cómo las personas de mi alrededor, normalmente sin saberlo, y especialmente los niños, se funden con el otoño, se aletargan un poco, no queremos salir tanto a la calle, disminuye nuestra actividad física, nos llama más la lectura, comemos alimentos más fuertes y densos… los médicos lo llaman «astenia otoñal», yo lo llamo «estar conectado con nuestra naturaleza».

Estos cambios se producen a un nivel más físico y evidente, pero lo que más me apasiona es comprobar cómo se producen en el interior. Cada otoño me siento más removida emocionalmente, con el cansancio físico surgen las inseguridades, los miedos, la sombra, la necesidad de cambios en tu «hacer diario», voy viendo mis fallos, mis limitaciones y autolimitaciones y, casi sin darte cuenta, van surgiendo las propuestas de solución. En este último periodo, estoy comprobando que cualquier cosa que me molesta de las personas que me rodean es porque yo no la puedo gestionar de una mejor forma, considero que tendemos a responsabilizar a las demás personas de lo que nosotros sentimos (sobre todo cuando el sentimiento es negativo) en lugar de mirar dentro para ver qué es aquello que nos molesta y qué podemos hacer para mejorar esa situación.  Con los niños eso se hace mucho más evidente porque ellos son puros e intensos y te ayudan a identificar dónde están tus limitaciones, que en ese momento podríamos utilizar para traspasar nuestras propias barreras y superarnos.Tendemos a querer cambiar a los demás para sentirnos mejor nosotros, pero no pensaríamos que nadie tiene derecho a cambiarnos a nosotros sólo porque a esa persona le moleste algo nuestro, esta actitud me parece tremendamente agresiva y con los pequeños estamos acostumbrados a hacerlo constantemente porque es lo que hemos visto que hay que hacer. Sin embargo, de esta forma no permitimos que esas personitas se desarrollen plenamente porque están pendientes de qué es lo que le molesta a cada cual y no de cómo se sienten y qué es lo que necesitan ellos, además, les enseñamos el patrón de que cuando te sientes mal o algo te molesta, lo que hay que hacer es gritar, quejarse e intentar cambiar el comportamiento del de enfrente en lugar de mirar qué es lo que está pasando y buscar una solución para el bienestar de todos. Así que me gustaría compartir las revelaciones que me ha desvelado este otoño sobre mí, por si pueden ayudarte:

  • Cuando estoy con otras personas (no importa la edad) y me molesta algo que alguien dice, considero que tiene derecho a tener su propia opinión, aunque sea diferente de la mía, alguna razón tendrá para pensar así y ¿me gusta cómo me siento yo cuando alguien (no importa la edad) no está de acuerdo conmigo, me juzga e intenta cambiar mi forma de ver esa situación? 
  • Cuando estoy con otras personas (no importa la edad) y me molesta el ruido o el movimiento, no intento que paren, si no que entiendo que tienen una necesidad diferente de la mía y busco cómo no estar yo incómoda
  • Cuando otras personas (no importa la edad) hacen cualquier cosa que me molesta, intento pensar que tienen sus motivos y sus derechos, porque ¿cómo me sentiría si cambiáramos los papeles y fuera yo la juzgada?
  • Cuando algo que me sucede me molesta o no me gusta, pienso qué puedo aprender de esa situación que ya ha llegado y qué puedo aportar yo para que derive en algo que me apetezca más
En general, frente a una situación que me resulta desagradable, intento no sentirme víctima, sino tomar conciencia de que tengo todas las posibilidades para encontrar una solución, no me mantengo pasiva atrapada por la queja y el juicio, puedo actuar, pero, para ello, hay que buscar en la sombra ( en mi interior, mis miedos, mis limitaciones, mi parte negativa) y ver qué es lo que me está imposibilitando dar el paso en positivo. Cuando lo consigo, hay un poquito de luz más en mi interior. 
Se acerca el invierno, cada día un minuto más de luz a partir del solsticio. Te propongo que, cada vez que algo te moleste, te pares unos segundos, respires e intentes dar un poquito más de luz a esa situación, un poquito de positivo, Así, poco a poco, otoño a otoño, iremos creciendo por fuera y por dentro y podamos seguir creciendo durante los inviernos minuto a minuto, para que, cuando lleguen las primaveras nos hayamos transformado en seres frescos y frondosos, llenos de vida positiva y podamos verlo todo desde otro punto de vista. Feliz semana.